Mariela Celis - Mi locura viene por Caracas (Video)

Vive en un edificio muy antiguo, pero le encanta pues es un lugar con historia. De hecho, su apartamento fue, hace décadas, una remota escuela de pintura a la que asistían maestros como Manuel Cabret o López Méndez. Y tanto es su nexo con el lugar, que hasta es presidenta de la Junta de Condominio. "Lo malo es que en Caracas las viejas construcciones, en vez de conservarlas, las tumban", lamenta.
Mariela Celis, aunque no todos lo saben, estudió nueve semestres de Bioanálisis en la Universidad Central de Venezuela y se retiró haciendo pasantías en el Hospital Clínico Universitario. Es que, en ese momento, comenzaba a trabajar en radio y televisión, y era la voz de un reconocido canal por suscripción. Total, tampoco ella quería un título sólo para colgarlo en la pared. Lo que sí disfrutó al máximo fue lo hermoso de llamarse ucevista.


"Desde los salones se veía el Estadio Olímpico. Así que estudié entre bacterias y deportes", bromea. Y amaba la universidad, sus espacios de ensoñación y la rutina de ir al comedor cada mediodía. "Si no daban pollo daban pescado, y si no era pescado era pollo. Pero disfruté mucho esa época, ir a los conciertos, tirarse en Tierra de Nadie… fui súper hippie, hasta me iba en cholas para clase".
Pero eso ya es pasado, y ahora Mariela es una de las locutoras más versátiles de Venezuela, y no duda en conceder parte de los méritos a su trastornada capital. "Mi personalidad y mi velocidad mental son productos de esta jungla de ciudad, donde uno tiene que reaccionar muy rápido para todo. Creo que mi locura viene por la locura de Caracas", dice.
Conduciendo Papelón con limón a través de La Mega, reconoce una suerte de responsabilidad frente a los micrófonos, pues sabe que quienes padecen las colas esperan de ella humor y buena vibra para compensar lo hostil de las calles.


Ahora bien, cuando es ella a que se halla en el tráfico, se pasea, por las tardes, entre los Run runes de Nelson Bocaranda, A la cuenta de tres en La Mega y la colección de música de su iPod
"Pero a pesar de los problemas, no quiero irme. Yo creo que todo radica en que siempre pensamos individualmente. ¡Ah!, el transporte no sirve, el Metro está full y los vagones no tienen aire acondicionado… ¿qué hacemos?, cada uno se compra un carro y colapsamos la ciudad. En vez de pensar en todos (cómo resolvemos esto), pensamos en nosotros solos (cómo lo resuelvo para mí)", reflexiona.


Y tanto sufre por la congestión vehicular que en estos días, cuenta, por fin logró conducir a 100 kilómetros por hora y escuchó que su auto aplaudía. "Es que nunca lo paso de cinco, ¡porque con estas trancas!".

Pero el colmo de los colmos lo observa en la autopista. "La otra vez vi a un tipo vendiendo, en medio de los carros, raquetas 'mata mosquitos'. Ni hablar de los libros ni del video erótico de moda. ¡Bueno, hasta venden cerveza! ¡¿No es demasiado loco 'rascarse' mientras manejas?!", se pregunta.
Pero si algo es primero en su escalafón de absurdos urbanos, es lo que ella llama los "pavo e' bomba". "¿A quién puede gustarle pararse en una bomba a oler gasolina por dos horas? Pero fíjate que donde sea que haya una bomba y un puesto de perro calientes, ¡ahí es la rumba! Llegan tres pavitos, abren las puertas del carro, ponen música, fuman y se divierten un montón. ¡Eso sólo ocurre en Caracas!".
Por eso, Mariela prefiere las areperías, donde adora tomarse una sopita o comerse su reina pepeada; eso sí, de noche siempre. Y no sin una buena dosis de ironía explica el porqué de su preferencia: "es que ando buscando que me atraquen, quiero vivir esa emoción, no sé, ¡ver qué se siente!".

Fuente: eluniversal.com/estampas

Por Johan M. Ramírez

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